LAS MOMIAS INCAS DE SALTA 

Momia de "La doncella", una de las niñas incas sacrificadas hace cinco siglos.

     En 1999, en la provincia de Salta, en el norte de Argentina, se hallaron tres momias de niñas incas que fueron sacrificadas para contribuir a mantener el orden cósmico. Estos sacrificios se realizaron en la cumbre del volcán Llullaillaco, a 6.739 metros; un sitio que, quizá, constituyan el santuario religioso más alto del mundo. La principal difusora de este hallazgo y de su estudio es la argentina Constanta Ceruti, Doctora en arqueología de alta montaña y autora de Cumbres sagradas del Noroeste argentino, investigación editada por EUDEBA (la Editorial Universitaria de Buenos Aires). En este instante de Temakel contribuimos a la difusión de este descubrimiento que refleja los ecos de la cosmovisión inca, tan diferente a nuestro mundo sin altas cumbres sagradas.

  EN BUSCA DE LOS MISTERIOS QUE OCULTAN LAS MOMIAS INCAS DE SALTA 

Por Eduardo Pogoriles


   ... La arqueóloga Constanza Ceruti se dio tiempo para hablar de su tema preferido: las momias y santuarios de los incas construidos en la alta montaña. Fue en un salón de la sede de Gendarmería Nacional en Buenos Aires, acompañada por la proyección de diapositivas que hipnotizaron a un público de expertos.

   Es que las imágenes sugerían muchas cosas. Desde la dificultad de su trabajo a miles de metros de altura al sentido del "culto a la montaña" y los sacrificios humanos en la civilización incaica. Pero también la devastación que causan los "huaqueros", los profanadores de tumbas que llegan a usar cargas de dinamita y han saqueado el 70 por ciento de los sitios arqueológicos detectados en el noroeste.
  En febrero y marzo de 1999 Ceruti participó de la expedición conducida por el estadounidense John Reinhard que encontró no muy lejos de San Antonio de los Cobres, en el volcán Llullaillaco -a 6.739 metros de altura- las momias congeladas de tres niños incas, perfectamente conservadas a pesar de sus cinco siglos de antigüedad. "Posiblemente sean las momias mejor conservadas del mundo entero, era como si hubieran muerto poco tiempo atrás y no hace 520 años. Aún tenían el vello bajo las axilas", dijo la arqueóloga.
  La revista National Geographic, que financió los trabajos, contó en detalle la historia de esas momias -ahora tienen nombre, son La Doncella (15 años); El niño (7) y La Niña del Rayo (6)- que se conservan hoy en la Universidad Católica de Salta.
   
   "No hay nada semejante"
   "En realidad no esperábamos encontrar nada -reconoció Ceruti-, sólo queríamos estudiar un sitio ceremonial incaico que es posiblemente el más alto santuario religioso del mundo, no hay nada semejante en Asia, África y Oceanía".
  Ceruti dirige actualmente el Instituto de Arqueología de Alta Montaña de la Universidad de Salta. Por cierto, aquel descubrimiento le permitió graduarse de doctora en arqueología de alta montaña -es la única con ese diploma en el país- con una tesis de 320 páginas.

 "La montaña nos puso a prueba primero, soportamos tormentas de nieve durante tres días seguidos a seis mil metros de altura. Los dedos se congelan y es imposible tomar notas, la presión es tres veces más baja y es difícil mantenerse concentrada", contó Ceruti, que ha subido a más de 80 cumbres-muchas superiores a los 5.000 metros- y publicó cuatro libros sobre el tema, entre ellos Cumbres sagradas del Noroeste argentino".

  La civilización incaica, que llegó a dominar la amplia región que va desde el Ecuador hasta Tucumán, consagraba sus víctimas a Inti (el dios del sol), Illapa (el dios del rayo), y Viracocha (el creador). "Se elegían niños porque eran símbolos de pureza ante los dioses, y a las nenas se las criaba en la Casa de las Vírgenes del Sol, donde vivían desde los ochos años de edad hasta el momento del sacrificio. El consumo de hojas de coca y el alcohol de la chica adormecía a las víctimas elegidas. Al menos en este caso no murieron por un golpe en el cráneo, ni por asfixia o estrangulamiento. Sencillamente, se quedaron dormidas y murieron congeladas", explicó la arqueóloga.

    Las procesiones de chicos elegidos para el sacrificio salían a pie desde Cuzco, acompañados por sacerdotes y oficiantes. El sacrificio estaba relacionado con la "Capacocha", un rito que buscaba mantener "el orden cósmico" en circunstancias difíciles para los incas, como la muerte del emperador, la cercanía de las siembras y cosechas o un desastre natural.

  Las montañas eran adoradas pero también eran una fuente de temor para los incas. Los elegidos para el sacrificio subían lentamente al santuario de alta montaña y había una última noche en sitios de ceremonial construidos en piedra, a distintas de alturas. "Los incas fueron famosos por la construcción de centros de culto a gran altura. Creían que los niños sacrificados se transformarían en enviados de la comunidad ante los dioses", contó la científica.

   Según los estudios hechos por investigadores estadounidenses y argentinos, en base a tomografías computadas y análisis de ADN, las tres víctimas del sacrificio estaban acostumbradas a comer bien -el maíz era uno de sus alimentos predilectos- aunque en algunos casos padecían de sinusitis o enfermedades bronquiales.
   Cuando las tres momias fueron bajadas desde el volcán Llullaillaco hasta la ciudad de Salta -un trayecto de 480 kilómetros- aún estaban congeladas, con todos sus órganos internos -corazón, estómago, intestinos, hígado- en perfecto estado. Así siguen hoy, en un freezer especial:  los análisis y estudios se hacen cada cuatro meses, en sesiones de no más de 15 minutos.

   "Lo inolvidable fue ver la cara de la Niña del Rayo, las otras dos momias estaban cubiertas con mantas tejidas pero ella estaba carbonizada, como una estatua", dijo Ceruti. Alrededor de los cuerpos había collares rosados de valva Spondilus -típicas de mares cálidos frente a las costas de Ecuador- además de estatuillas de oro y plata de distintos tamaños -desde 5 a 15 centímetros, de hombres y mujeres- decoradas con tocados de plumas. Tampoco faltaban las mantas de vicuña con signos heráldicos.

  En resumen, Constanza Ceruti había descubierto una auténtica cápsula de tiempo. Como ella admitió: "De pronto todo tenía sentido y estaba a la vista". (*)

 

Cumbre del Volcán Lluillaillaco, lugar del descubrimiento de las momias incas.

 

(*) Fuente: Eduardo Pogoriles, "En busca de los misterios que ocultan las momias incas de Salta", publicado en Diario Clarín, Ciudad de Buenos Aires, Argentina, el sábado 6 de abril de 2002, p.42.