EL HABITAR DEL HOMBRE MÍTICO AMERICANO

Por Marta Traina

Panorámica del Cuzco, antiguo centro del Tahuantisuyo, del imperio incaico, lugar donde se consumó el habitar al cual alude el artículo que aquí presentamos. 

   

  El hombre moderno vive sumergido en la aceleración de un tiempo frágil, evanescente. Se refugia en la ciudad para eludir el miedo a la muerte y la trascendencia de fuerzas superiores, las de la naturaleza, que no comprende plenamente y que, en último término, no puede controlar. Frente a este habitar moderno, se alza el habitar mítico del hombre americano explorado a través de los pensadores Héctor Murena y Rodolfo Kusch. En este rico artículo, Marta Traina recorre muchas de las nociones esenciales de la construcción del espacio sagrado entre los antiguos incas a fin de contraponerlo al endeble habitar, sin dioses ni ritos ancestrales, de las sociedades modernas.  

    El objetivo de este escrito consiste en observar, a la luz del concepto de habitar que desarrolla Murena (1) el modo de habitar de los pueblos americanos previos a la conquista europea. Se intentará esbozar la articulación entre el conjunto de significaciones según las cuales se organiza la vida de una comunidad, puesta de manifiesto en la forma de habitar la ciudad. Desde la experiencia de lo urbano se intentará atisbar los supuestos y valores que caracterizan a una civilización.

INTRODUCCIÓN

TIEMPO SAGRADO, MITO E HISTORIA

   A la llegada de los conquistadores europeos a la región andina, los pueblos nativos presentaban un desarrollo civilizatorio heterogéneo. La calificación de salvaje, aplicada indiscriminadamente a todo grupo de nativos, resulta inadecuada al momento de describir al pueblo Inca. El "Imperio del Sol", contaba con una organización en estamentos sociales estratificados, representación política y administración de bienes, y un destacable desarrollo en ingeniería y arquitectura, así como en medicina y astronomía. La civilización inca (s.XII AL s.XVI) corresponde al tipo de sociedades tradicionales. Estas sociedades elaboran sus principios, modelos de conducta, prácticas sociales y religiosas, pautas comunitarias y familiares en virtud del mito, como parte y fundamento de la cultura.

El mito es la revelación del origen secreto de las cosas. El mito es origen de la vida y base de la organización política, social y cultural inca. En él se expresa una realidad superior. (2)

El inca comparte con el hombre arcaico su visión del tiempo. Se vive en un tiempo lineal, terrenal y cronológico, un tiempo donde la vida surge y se extingue, donde el hombre transcurre sujeto a necesidades y padeceres fortuitos; pero este hombre mortal sabe de otro tiempo: el tiempo de la creación, de la eternidad, el tiempo en que las fuerzas creadoras de la naturaleza dieron origen al universo y sus criaturas. Cuando el universo era caos y fue necesario la intervención heroica de seres sobrenaturales que dieran orden al mundo, dividiéndolo en cielo y tierra. Y es a través del rito que el hombre puede reconciliarse con esas fuerzas creadoras y recuperar el tiempo sagrado.

El mito es siempre el relato de una creación, de cómo una realidad vino a la existencia, una realidad total como en el caso del mito cosmogónico (explicación del origen del universo, la creación perfecta), o sólo un fragmento de realidad. La recreación del mito a través de la práctica ritual conduce al hombre al contacto con las fuerzas superiores, al tiempo sagrado de la creación del cosmos.

El hombre constituido por el mito necesita recrearlo, recuperar el sentido de cada uno de sus actos en la repetición ritual, la renovación de la historia sagrada. (3)

El territorio inca, con su amplitud climática, su inestable geología y multiplicidad de ecosistemas, llevó a sus habitantes a elaborar las adaptaciones tecnológicas que permitieran integrarse de forma armónica a la naturaleza. Para el hombre andino, su condición es inseparable de su entorno natural. Pertenece a él y sólo en él puede desarrollarse en plenitud, ya que el mundo es percibido como un todo vivo e interrelacionado del cual forma parte indisoluble. (4)

Este es uno de los ejes sobre los cuales se construye la cosmovisión andina. La vinculación y dependencia de las fuerzas de la Naturaleza, que opera como guía del accionar cotidiano.

  Se puede afirmar entonces que es el conjunto de creencias míticas y religiosas el que articula el desenvolvimiento de la vida comunitaria.

  EL ORDEN Y LO SAGRADO

 El universo mítico alude a la organización de todos los aspectos de la vida del Tahuantinsuyo, relacionados a la existencia del mundo bajo un principio ordenador, fecundador y vivificador como es el Sol. La expresión misma de la fuerza vital le es propia. Ejerce el poder y el gobierno, como elemento supremo sobre la Naturaleza, y como la vida del hombre necesita orden en el mundo, se consideró que los Hijos del Sol (Los Incas) debían ser quienes lo propiciaran.

Esta noción de la relación integrada entre el Inca o gobernante de origen divino y el Sol, se encuentra resumida en la leyenda de Chinpaccahua (El hombre que mira al frente). (5)

LO SAGRADO

 El lenguaje andino expresaba con el término "huaca" una manifestación de lo sagrado. La palabra tiene una multiplicidad de significados pero cada uno es único en su contexto. Se le adjudica a cualquier cosa considerada sagrada: templos y adoratorios, ya sean grandes construcciones o pequeños altares, sepulturas, también a las cosas que salen de su curso natural, las que por su belleza resultan extraordinarias, y a todos los elementos que se ofrecen a los poderes de la Naturaleza como figuras de hombres, animales, etc. Se aplica también a las formaciones naturales que, por su fisonomía semejante a figuras de animales, plantas o humanos, se convirtieran en lugares de culto y adoración. Eran considerados "huacas" los templos y centros rituales construidos por hombres a los que la formación natural era adaptada según un diseño prefijado. "En general, se encuentran en medio de algunos accidentes geográficos que por su particularidad o naturaleza misma, generaban condiciones de vida para la comunidad, tales como: cerros, lagos, ríos, manantiales, los que también tenían la connotación de sagrados. En fin, esta denominación alcanzó a todo ser u objeto al que los mitos asignaban una cierta función dentro del proceso de desarrollo económico y social de sus comunidades." (6) Se trata de una valoración funcional y religiosa que obedece a un orden mítico que une las prácticas y usos sociales con los designios divinos que las fuerzas naturales manifiestan a través de los dioses y héroes, y que son rememorados por todos los habitantes en sus ceremonias.

  Para las sociedades tradicionales, los objetos y los actos humanos no tienen un sentido en sí mismos sino que adquieren su significación en virtud de la participación en una realidad que los trasciende. Un objeto por sus características físicas puede investir calidad de símbolo, o de elemento conmemorativo de hechos míticos, y así se convierte en la revelación de lo sagrado. Es receptor de fuerzas mágicas que lo diferencian, lo vuelven perenne, otorgándole valor y sentido. (7)

EL ESPEJO DEL COSMOS

  Los hombres de las sociedades tradicionales experimentaban la necesidad de habitar en un espacio ordenado, un cosmos. La tradición quechua sostiene que todo ser u objeto sagrado posee un doble, su hermano (huauque) y esta idea de complementariedad, de pares y opuestos se define como Yanantin. Esta noción, que refiere a la simetría corporal, se aplica a todo tipo de ordenamiento ya que señala también la división alto y bajo, izquierda y derecha, masculino y femenino. Todos los elementos de la geografía sagrada se comportan entonces como parte complementaria de su huauque cósmico, es decir que tienen su par complementario en el cielo.

Según este criterio se edificaron a lo largo del valle sagrado de los Incas grandes construcciones, espacios rituales que representaban figuras semejantes a las divinizadas en las constelaciones de la noche andina. De esta forma el río Vilcanota o Willkañuta (Casa del Sol), o Wilicamayu (Río Sagrado) y su valle, componían el reflejo de la Mayu o vía láctea, en sagrada dualidad. Se cree que las fuerzas que existen más allá de la tierra, sol, luna, estrellas, tienen un poder limitado hasta tener una representación en la geografía terrestre, y desde allí pueden controlar el destino de los hombres.

La condición de unicidad también era sacralizada. Con el nombre de "chu'lla" se mencionaba todo lo que era único o estaba solo.

El orden del universo descansaba en la unidad simbólica par e impar, conformando un todo. Estos tres elementos componen el símbolo de los tres escalones, representación de las dimensiones en que se interrelacionan las energías vitales, niveles de contacto entre los hombres y lo divino.

REPRESENTACIONES URBANAS: CUZCO, EL OMBLIGO DEL MUNDO

  Atendiendo a la concepción de centro, como el espacio de conexión con los seres divinos, el Cuzco, que significa ombligo del mundo, se construye en el área sagrada donde reside el Inca, hijo del sol y representante de Viracocha. De Cuzco parten las cuatro vías de comunicación que dieron cohesión al Tahuantinsuyo (cuatro regiones que se integran). Los cuadrantes, divididos según los puntos cardinales reciben los nombres de:  Antisuyo cuadrante noreste, Contisuyo sudoeste, Collasuyo al sudeste y Chinchaysuyo al noroeste, de acuerdo con el modelo tetramétrico.

La distribución de adoratorios, sobre líneas imaginarias o "ceques" que partían desde el centro de la capital, manifestaba integrar la rigurosidad de un orden vinculado al cosmos, al calendario solar, y a la misma concepción tetramétrica. (8) Los cuatro sectores o "suyos" conforman, observados en su totalidad, una estructura sagrada, mandala, cuyo centro coincide con el Templo del Sol llamado Coricancha.

"Cuando un pueblo crea sus adoratorios, traza en cierto modo en el ídolo, en la piedra, en el llano o en el cerro su itinerario interior. La fe se explícita como adoratorio y deja en éste una especie de residuo. Es como si fijara exteriormente la eternidad que el pueblo encontró en su propia alma." (9)

Según algunos autores, siguiendo las crónicas del Inca Garcilaso de la Vega, el Coricancha ocuparía la zona genital del gran puma agazapado que la ciudad imperial representa. (10)  El puma era considerado deidad especial, Tótem o Numen Tutelar de los Quechuas; prueba de aquello es que aún hoy se conserva el nombre de la calle Pumakurko que significa, y representa, la "columna vertebral del puma"; el barrio de Pumaqchupan o "cola del puma" se encuentra en la unión de los ríos Saphi ("raíz") y Tullumayu ("río de huesos" o "río flaco") hoy canalizados y cubiertos. Por su parte, la cabeza se ubicaba en Saqsaywaman que derivaría de "saqsa uma" (¿saqsa uman) o "cabeza jaspeada" como consecuencia de su función en la forma de la ciudad.

"La ciudad debió estar bastante bien organizada en congruencia con su clásica planificación, sus calles estrechas y normalmente rectas debidamente empedradas y con canales al medio o a un costado de las mismas conduciendo agua límpida que era consumida por la población. Las paredes de sus edificaciones hechas en piedra labrada al menos en el sector céntrico, y con paredes de adobe y estilo "pirka" pero recubiertas con estuco de arcilla y aún pintadas en los suburbios. Sus techos con bastante pendiente fabricados sólo con madera y paja, y una considerable ausencia de vanos en forma de puertas y ventanas para facilitar la calefacción interior en épocas frías. En suma, una ciudad apacible, organizada y sin contaminación."(11)

 

TANPUQUIRO, LA CIUDAD MAÍZ

  Otro ejemplo de construcción simbólica que sustentada por lo mítico puede apreciarse en el antiguo centro urbano de la ciudad de Ollantaytambo. Se observa un diseño perimétrico trapezoidal semejante al de una mazorca del maíz, y en el que las viviendas (cuyos espacios ocupados por ellas se conocen como canchas), hacen las veces de sus dientes o granos. Curiosamente, los granos de maíz transformados o tostados se conocen con el nombre de cancha. El maíz fue la base del comercio y dominio económico del imperio, valorado por sus propiedades alimenticias y medicinales. La chicha, bebida preparada con maíz acompañaba los rituales y se empleaba para el culto a la madre naturaleza. (12)

EL JUSTO HABITAR

Se han presentado hasta aquí, de manera sintética y apenas descriptiva, algunos aspectos de la vida de los pueblos incaicos, con el fin de observar a través de sus prácticas cotidianas, los supuestos sobre los cuales se fundamenta el modo de habitar. Se han destacado aquellos rasgos que permiten dar cuenta del pensamiento que animó el desarrollo de esta cultura (su concepto de hombre, del universo, y de la historia).

Lo que se ha intentado señalar aquí es una forma de ejemplificar los valores subyacentes a la vida de las sociedades tradicionales, con la idea de sugerir una comparación con los conceptos que sostienen el modo de habitar moderno.

Si se alude a la noción de habitar  como "correcto habitar", lo que Murena (13) describe como la forma de vida del hombre dotada de significado, el modo de habitar andino puede coincidir con el "justo habitar". El nexo básico que la religión establece entre hombre-cielo-tierra, permite suponer a la vida humana comprendida dentro de un espectro más amplio, que trasciende al individuo y del cual el hombre depende.

 

DE LAS SOCIEDADES TRADICIONALES A LAS SOCIEDADES MODERNAS

   Uno de los fundamentos de las sociedades tradicionales consistía en la plena conciencia de sus miembros de pertenecer a la comunidad. De compartir un espacio físico y un universo espiritual que conformaban su realidad común. Los ayllus, eran las células del tejido económico, político y social de la estructura imperial, otro componente de la lógica reticular andina. El mundo actual es un mundo de ciudades, su población crece a ritmo significativo, generando, en lugar de nuevas ciudades, grandes conglomerados urbanos heterogéneos, disímiles. El único punto que mantienen en común sus habitantes es la ciudad misma que, en su desmesurada expansión, ya no favorece la identificación con sus miembros.

Si el habitar es el modo en que somos en la tierra, (14) ¿cómo plantear la existencia del habitante urbano?

La construcción de la figura del hombre moderno ha traído aparejada la necesidad de construcción simultánea de su entorno y de las condiciones para su permanencia.

El hombre arcaico se percibía integrado a la unidad de la Naturaleza, a la que veneraba y protegía. La magnitud de las fuerzas del universo le hacían consciente de su dependencia. La incapacidad para comprender la maravilla de las fuerzas creadoras se resolvía en la creencia mítica, en sus distintas formas, animismo, idolatría, o cualquier otra manera de rendir culto a aquello que existía más allá del hombre.

"Gracias al mito, como dijimos, las ideas de realidad, de valor, de transcendencia, se abren paso lentamente. Gracias al mito, el Mundo se deja aprehender en cuanto Cosmos perfectamente articulado, inteligible y significativo. Al contar cómo fueron hechas las cosas, los mitos revelan por quién y por qué lo fueron y en qué circunstancias. Todas estas "revelaciones" comprometen más o menos directamente al hombre, puesto que constituyen una "historia sagrada"... (15)

El mismo autor señala con respecto a la oposición entre el hombre mítico y el hombre moderno, que el primero tiene la posibilidad de regresar al origen de las cosas, volver para renovar, recuperar el sentido en la recreación de su verdad mítica. El hombre moderno, en cambio queda prisionero de la historia que lo constituye, una fuente de sentidos estáticos, de hechos irreversibles. A este hombre sólo le queda el construir. Y así construye su entorno, racionalizado, tecnologizado, desacralizado. Construye ciudades ordenadas según el concepto de eficiencia y la finalidad productiva, perfilando su modelo de habitante. La dislocación antropocéntrica trasladó al hombre del universo vivo al que pertenece y lo elevó al trono de depredador. La Naturaleza, no ya la fuente nutricia de la vida, sino objeto de explotación y dominio. La distancia que hace posible esta nueva relación entre hombre y naturaleza está dada por la técnica.

En este sentido, conviene recordar la actitud que domina el pensamiento andino que Kusch expresa como "mero estar " o "estar aquí", en franca oposición a la modalidad occidental definida en el "ser alguien".

Kusch encuentra en la gramática quechua ese particular modo de "estar", de "un sujeto inmóvil que recibe pasivamente las cualidades de su mundo".

El quechua es un sujeto afectado por su entorno, es su víctima, y adopta la actitud contemplativa, desde su ser interior como modo de conjurar esa realidad temible a la que no puede enfrentarse. El ser occidental es el de la acción, afecta al mundo y lo transforma. Crea un mundo nuevo. Manifiesta su dinamismo en la exteriorización. Crea objetos y maquinarias que le permitan enfrentar la hostilidad de su entorno.

El sujeto andino es la especie, su pauta moral fundamental así lo expresa. De acuerdo a la armonía viva del Universo, "Nuestro padre Sol, no tiene sus opuestos enemigos, sino sus complementos. Todos dependemos de todos". "Las leyes cósmicas referidas a sociedades humanas, se llaman Leyes morales. Una Ley es moral si beneficia a la especie. Si beneficia a un sector es inmoral porque perjudica a la especie". "Todo esto es traducción a lenguaje humano, de las leyes de equilibrio cósmico".

La acción que desempeña el ser moderno es individual, persigue la eficiencia y plantea la competitividad. Desde su realidad urbana superpuesta a la Naturaleza, se arma de teoría y técnica para imponerse y vencer el miedo. El "estar aquí" encuentra su eje de existencia en la materialidad de esas fuerzas superiores, que son invariantes, y que reenvían al mundo interior.

"Indudablemente, hubo una transferencia de todas las cosas del hombre al campo de los objetos. Mejor dicho, una traducción de la humanidad al terreno de los sucedáneos. Y en eso consiste la cultura moderna y también su civilización: es la traducción simple de la vida a la mecánica."

Priorizar sólo un aspecto de la vida humana, el ser productivo habilitado por la técnica genera el tipo de ciudad moderna que Kusch llama "patio de los objetos", un inventario de cosas que disimulen el vacío, y confirmen el aparente dominio humano. El utensilio primitivo mediaba entre el hombre y la naturaleza, los objetos en la segunda realidad urbana sólo pueden mediar entre otros objetos. Los discretos avatares que transcurren dentro del "patio de los objetos", sólo dan cuenta de la pequeña historia, la de los individuos, de los hechos urbanos. En contraposición cabe señalar la Gran Historia, la del desarrollo de la especie, la de las comunidades, la que se construye desde el "mero estar", con sus verdades estables.

El ciudadano, al amparo del urbanismo participa del brillo de un espacio creado para distraer. Queda envuelto en una continua espiral de obligaciones inherentes a su desenvolvimiento civilizado. La dimensión del tiempo adquiere una magnitud exacerbada y la ciudad se percibe como el continuo fluir de aceleraciones inconexas. Una profusión de espacios para transitar y una escasez de sitios para compartir. La manifestación de lo heterogéneo que, lejos de valorar la diferencia, excluye la desigualdad.

La ciudad moderna presenta una y mil excusas para ocultar sus olvidos, sus carencias, y envuelve a sus habitantes en la urgencia del devenir. La ciudad como creación de seres desamparados que buscaron refugio en sus murallas y su medida, ofrece a cada paso la ilusión de un orden sólido y permanente.

 

 CONCLUSIONES

  La relación del hombre con su medio ha sufrido variaciones considerables desde los quichuas a los actuales ciudadanos. Es de destacar que, aún siendo distinto el modo de abordar la cuestión, el hombre se enfrentará a sus interrogantes. Ya sea que se resuelvan, o disuelvan, en términos míticos, religiosos o científicos, la realidad en torno al hombre comprende matices y secretos inalcanzables para el pensamiento occidental. Se hace necesario considerar un cambio de posición que reubique la capacidad del hombre de adaptarse a su medio y rechace su potencial destructivo. Este cambio sólo será factible desde la reflexión, la re-elaboración del esquema que el hombre moderno ha, erróneamente, diseñado del universo.

Dar lugar a la conciencia de la vida en común, supone la discusión y reformulación de los valores sobre los cuales edificar caminos de realización, desde la identificación con un lenguaje y un modo de transitar propio. Llevar esa propuesta desde lo individual a lo comunitario enriquecerá la percepción del espacio común.

Será momento de plantear la posibilidad de acceder a un tipo de pensamiento más amplio, que permita proponer una multidimensionalidad del hombre desde la cual poder sugerir el desarrollo de sus distintos aspectos. La realidad del ser moderno ha quedado tan circunscripta a saberes aislados que resulta limitada. La sobrevaloración de las esferas económica y política repercute invariablemente sobre la dimensión espiritual de la experiencia humana.

El tipo de ritual que regresaba el sentido a la actividad del hombre americano ha devenido en una ritualización de lo habitual, una repetición de figuras huecas, la acción por la acción misma. Tal vez sea tiempo de enfrentar los miedos, de conceder sitio a lo pleno y atisbar el misterio que la luz urbana no alcanza a develar. (*)

(*) Fuente: Trabajo realizado por Marta Traina en el contexto de la materia Principales Corrientes del Pensamiento Contemporáneo de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires en el año 2002.

 

NOTAS

1. Héctor Murena, El nombre secreto, Monte Avila Editores, Caracas, 1979.

2. Véase la Leyenda sobre El Origen de Los Incas, en Anexo I

3. Mircea Eliade, Mito y Realidad, Barcelona, Editorial Labor, 1992.

4. Fernando Elorrieta Salazar y Edgar Elorrieta Salazar, El Valle de los Incas, Mitos y Símbolos, Cusco , Perú, Sociedad Pacaritampu hatha, 1996.

5. Véase Leyenda de Chinpaccahua, Anexo I

*. Wiracochan o Tunupa

El testimonio de piedra que desde la cosmovisión andina evidencia y legitima el mito de Wiraccochan, se encuentra en el santuario de Ollantaytambo. Esta es una gigantesca representación escultórica (140 m. de altura), labrada en parte del cerro Pinkuylluna; en uno de sus flancos rocosos denominado Wiraccochan Oreco (el cerro del enviado de Wiraccocha). En este perfil escultórico se plasmaron cada una de las características iconográficas con las que se identificó este héroe cultural.

Según versiones dadas por las crónicas de los siglos XVI y XVII a este Wiraccochan se le habían hecho esculturas en piedra a su semejanza, representándolo como a un personaje investido de gran autoridad (pese a su vestir andrajoso y portar una carga en la espalda, propio de peregrinos).

Para esto, realizaron un exquisito trabajo en la parte correspondiente al arco superciliar del ojo y la nariz, los mismos que en conjunto denotan una actitud vigilante y amonestadora.

Se puede observar como durante el amanecer del Solsticio de Verano (22 de Diciembre), la luz del sol ingresa perfilando los profundos abismos de la montaña, para en un primer momento iluminar tan solo la parte correspondiente a la cabeza o "despertar el conocimiento de Wiraccochan"; minutos después se ilumina o se "habilita" su templo, cuyos contenidos (semillas y alimentos) se vitalizan con la energía del sol, mientras el resto de la montaña permanece en penumbra.

6. F. Elorrieta Salazar, Op. cit. pag. 84.

7. Mircea Eliade, Lo sagrado y lo profano, Barcelona, 1992, p19.

8."en el tiempo se concebía una historia compuesta por cuatro etapas, cada una de ellas con un tipo de hombre que luego era destruido y una quinta etapa, la actual, que también iba a ser destruida por un cataclismo que exterminaría definitivamente a la humanidad.` El significado profundo de esta concepción era el de que todo pasaba por cuatro formas de dispersión y una quinta de concentración, o sea, fruto, donde se encontraba el "sí mismo" sea en el tiempo o en el espacio o en ambos a la vez. La manera positiva para conseguir el "sí mismo" o la revelación era la fuga del espacio y del tiempo,..."

Rodolfo Kusch, aMÉRICA PROFUNDA, PÁG. 89.

9. Rodolfo Kusch, ídem, pag. 71.

10. Véase Inca Gacilaso de la Vega, Crónicas Reales, Anexo I.

11Véase Planificación urbana del Cusco en Anexo I. http://www.qosqo.com/qosqoes/qosqo.html

12. Cf. F. Elorrieta Salazar, oP. CIT.PAG. 71.

13. Héctor Murena, op.cit.

14. Martín Heidegger, "Construir, Habitar, Pensar"

15. Mircea Eliade, Mito y Realidad Pag. 152

 

Bibliografía

- Héctor Murena, Mundus y quimera, en El nombre secreto, Caracas, Monte Ávila Editores, 1979.

- Rodolfo Kusch, América profunda, Buenos Aires, editorial Biblos, 1999.

- Fernando Elorrieta Salazar y Edgar Elorrieta Salazar, El Valle de los Incas, Mitos y Símbolos, Cuzco, Sociedad Pacaritampu hatha, 1996.

- Eleonora Zahorski, Imperios y Culturas Americanas, Albores de la humanidad y logros científicos, Córdoba, Editorial El Copista, 1999

- Alberto Vázquez Figueroa, Viracocha, Madrid, Círculo de Lectores,

- Mircea Eliade, Mito y Realidad, Barcelona, Editorial LaBOR, 1992.