CARNAC: INMENSAS Y MISTERIOSAS AVENIDAS DE PIEDRAS

Enormes piedras verticales y montículos erigidos en tiempos prehistóricos justifican la santidad de la zona de Carnac, en la región francesa de Bretaña, donde se localizan algunas de las edificaciones artificiales más antiguas del mundo y el mayor conjunto megalítico conocido.
En ningún otro lugar puede
experimentarse tanto la actitud reverencial colectiva del neolítico como en
Kercado, cercano a Carnac, donde se alza un gran montículo cubierto
de hierba y coronado por una gran piedra vertical. Este túmulo, cuya entrada
está orientada hacia el crepúsculo del amanecer en el solsticio de invierno,
contiene una galería de piedra que conduce a una cámara cuadrada, una tumba
donde encontraron reposo generaciones de difuntos. Construida hacia el 4700 aC,
conforma la estructura más antigua de Europa, con casi dos mil años más que
Stonehenge y las pirámides de Egipto.
Las asombrosas
avenidas de piedras
El prestigio de Carnac proviene, principalmente, de que constituye el
mayor conjunto megalítico de todo el mundo. Aún se mantienen en pie miles de
megalitos, a pesar de los siglos de descuido y de las demoliciones llevadas a
cabo por los campesinos. Cuatro impresionantes alineaciones se extienden a lo
largo de casi 8 km, entre pinares y brezales.
La mayor concentración se ubica junto al caserío de Le Ménec, cerca de
Carnac, donde además existe un conjunto de granjas rodeadas por una
elipse de piedras, situadas una junto a otra. El recinto mide 100 m de diámetro
y está compuesto por 70 megalitos de 1,20 m de altura media.
Al este del recinto de Le Ménec se yerguen 1.099 piedras formando once
avenidas que se prolongan hasta el horizonte, dispuestas según sus dimensiones.
Las piedras dc mayor
tamaño, situadas junto a Le Ménec, miden 3,7 m de altura, y van
disminuyendo hasta que al término de las avenidas sólo alcanzan 90 cm. Estas
hileras de piedras no son rectas, sino que describen una suave curva hacia el
noreste para terminar en otro recinto a 0,8 km de distancia.
En 1827, el estudioso francés Chevalier de Fréminville describió a la
perfección la impresión que producen estas avenidas, a las que llamó "regimiento
de piedras, asombroso alineamiento de rocas informes ordenadas simétricamente".
Al igual que cualquier otro visitante no avisado, De Fréminville se
sintió "lleno de asombro... El número de piedras y sus curiosas disposiciones,
la altura que alcanzan sus contornos largos, grises y musgosos alzándose sobre
el brezo negro en el que hunden sus raíces, y por último la perpetua quietud que
las rodea, constituyen hechos que generan estupefacción y llenan el alma de
veneración melancólica para con estos antiguos testigos de tantos siglos".
Las alineaciones de Le Ménec son en sí bastante impresionantes, pero
a poca distancia hacia el este se elevan las enormes piedras de las avenidas de
Kermario, "la tierra de los muertos". El mayor de estos megalitos se alza
más de 7 m, y también aquí las hileras van disminuyendo en altura hacia el
límite opuesto, situado a 1.200 m, donde se emplazan tres grandes rocas
perpendiculares a las avenidas.
El tercer alineamiento de piedras se sitúa aún más al este, cerca de
Kerlescan, "el lugar de las cremaciones". Aquí se hace presente un recinto
casi cuadrado con trece hileras paralelas compuestas por 540 piedras; y aún más
al este, las cien del alineamiento de Le Petit Ménec, que se especula
estuviera vinculado en otro tiempo con el de Kerlescan.
¿Era Carnac el centro de un culto ganadero?
Acorde con el folclore local, las hileras de piedras podrían constituir
soldados romanos petrificados por san Cornelio, patrón de Carnac, que fue
papa pero tuvo que huir de Roma a su Bretaña natal. En su huida, Cornelio
portaba su equipaje a lomos de bueyes, y por este acontecimiento se lo nombró
santo patrón del ganado. En la iglesia parroquial de Carnac se conserva
una imagen de san Cornelio rodeado de menhires y bendiciendo dos toros. Desde
aquella época, el 13 de septiembre de cada año, los granjeros llevan su ganado a
la iglesia para que sea bendecido. ¿Podría este ceremonial ser la continuación
de un antiguo ritual pagano en el que se utilizaba la magia de las piedras para
sanar el ganado enfermo? La respuesta bien pudiera ser afirmativa, porque en las
inmediaciones han sido descubiertas ciertas pruebas del remoto culto ganadero.
En las excavaciones de una villa galorromana en Bosseno, cerca de
Carnac, se ha encontrado la efigie ceremonial de un toro, y en los
enterramientos prehistóricos, restos de ganado vacuno.
¿Fueron astrónomos prehistóricos quienes emplazaron estas piedras?
Existe la posibilidad de que las alineaciones de menhires, montículos de
tierra y megalitos aislados sirvieran para seguir y medir los movimientos
aparentes del Sol, a Luna y las estrellas. Este hecho parece haber sido
comprobado por Alexander Thom, antiguo profesor de ingeniería en la Universidad
de Oxford, que estudió los megalitos entre 1970 y 1975, llegando a la conclusión
de que el conjunto que rodea Carnac hubo de ser diseñado para el
esclarecimiento de observaciones astronómicas, en especial de la Luna. Si esto
es cierto, las observaciones hubieran tenido lugar en las avenidas, donde cuatro
de las piedras más grandes -entre ellas el Gigante de Manio, de 6 m de altura-
permanecen alineadas entre sí de acuerdo con ciertos trazados astronómicos.
La piedra más importante de este observatorio debió ser el megalito conocido
como Er Grah (Piedra de las Hadas), o Le Grand Menhir Brisé, así
denominado por estar roto en la actualidad. Quedan de él cuatro grandes
fragmentos, en el extremo de un antiguo montículo de tierra, cerca de
Locmariaquer. Antes de que fuese derribado por un terremoto en 1722, media
más de 20 m de altura. El trasporte y el levantamiento de esta piedra, de más de
350 t de peso, debió suponer una hazaña de la ingeniería. Los estudios de Thom
demostraron la relación de la Piedra de las Hadas con otros elementos del
conjunto. Utilizando como punto de referencia el megalito, se pueden trazar
líneas de salida y puesta de la luna desde montículos y piedras situados hasta a
13 km de distancia.
También es válida la hipótesis de que los miles de piedras de los
alineamientos y las avenidas no fuesen utilizados sólo para observar movimientos
astronómicos, sino también para efectuar los cálculos correspondientes, ya que.
según el profesor Thom, las rocas forman una especie de "papel cuadriculado o
litografía megalítica". A pesar de las irregularidades actuales, producidas por
el desgaste de los siglos y por la reinstalación incorrecta de piedras caídas,
Thom opina que los antiguos astrónomos diseñaron el conjunto en base a líneas
rectas y formas geométricas. Es decir, las avenidas megalíticas podrían
constituir los restos de un instrumental astronómico neolítico. (*)
(*) Fuente: Lugares misteriosos, Atlas de lo extraordinario, Vl, Ediciones del Prado