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Brunilda, la reina de Islandia, es uno de los personajes que aparecen en el Cantar de los nibelungos.


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Representación de Ymir, el primero de los malvados gigantes de hielo.



 

Culto

Al principio se veneraba a los dioses al aire libre, en islas en medio de los lagos, afloramientos de roca desnuda, alrededor de los pantanos y sitios escondidos en lo profundo de los bosques. Después, para paliar las malas condiciones climáticas se hicieron construcciones que terminaron constituyéndose en templos u hof. En su interior colocaban las imágenes de los dioses, hechas en madera labrada.
Los ritos estaban relacionados con las estaciones del año y las actividades agrícolas asociadas a estas. Cuando las ceremonias eran para rendir culto a un dios en particular, eran presididas por un godi o sacerdote, y se realizaban en el templo o en la casa de algún creyente importante.
Con respecto a los muertos, los pueblos germanos creían que:
continuaban viviendo en los túmulos o montones de tierra y/o piedras que se colocaban sobre los sepulcros.
los nobles guerreros muertos en combate seguían un camino de nueve días hasta llegar al Valhalla o paraíso, donde serían atendidos por las valkirias.

La creación del mundo

Cuando aún no existía ni la tierra ni el mar ni el aire, había un gran abismo llamado Ginnungagap, un lugar sin fondo y sin luz. Al sur se encontraba la tierra del fuego, llamada Muspelheim o Muspell, donde solo vivía una criatura, el gigante Surt, que poseía una espada llameante. Ningún otro ser podía vivir allí, debido a su enorme calor.

Al norte había otra región completamente distinta, el Niflheim o tierra de las tinieblas y el agua, una zona oscura, tenebrosa y fría. En ella se encontraba el manantial Hvergelmir, del que nacían doce ríos llamados Elivagar.

Los doce ríos desembocaban en Ginnungagap, y al entrar en contacto con el viento helado del abismo se transformaban en bloques de hielo. Del mismo modo, las chispas y las llamas del Muspelheim, al llegar al Ginnungagap y caer sobre los hielos, formaban nubes de vapor.

Con el paso del tiempo el vapor, que se fue haciendo escarcha, llenó el abismo. De este surgieron una criatura malvada, el gigante Ymir (Ymer), la personificación del océano helado y el antepasado de los gigantes del hielo, y una vaca gigante, Audhumla, que alimentaba a Ymir con su leche. Esta, a su vez, lamía el hielo para extraer su sal, fundiéndolo con su lengua tibia. Así surgió un nuevo ser, el dios bueno Buri, enterrado desde tiempos remotos en estos hielos.

La leyenda cuenta que mientras Ymir dormía, empezó a sudar y, al mismo tiempo, de su mano izquierda se formaron un hombre y una mujer, gigantes como él. Después nacieron un hijo tras otro, y de ellos surgió la legión de gigantes helados.

Buri engendró un hijo, Bor, que se casó con una giganta llamada Bestla, con la que tuvo tres hijos: Odín, Vili y Ve. Cuando los gigantes descubrieron el nacimiento de los tres dioses Aesir, iniciaron una guerra contra ellos. El enfrentamiento duró muchos años, hasta que los hijos de Bor asesinaron a Ymir.

Su sangre lo inundó todo. La totalidad de los gigantes murió, excepto Bergelmir y su esposa, que huyeron en un barco hasta llegar a Jotunheim, una inhóspita tierra que poco afectaba a las criaturas del frío. Sus descendientes seguirían siendo enemigos de los dioses.

Odín, Vili y Ve tomaron el gigantesco cadáver de Ymir y lo arrastraron al Ginnungagap, donde lo despedazaron para formar el Universo:

de su carne se formó el Midgar o la tierra de los mortales, que fue colocado entre el Asgard o la tierra de los dioses, y el Jotunheim, hogar de los gigantes;

la sangre se transformó en los mares y océanos;

sus huesos formaron las montañas, los valles y las colinas;

sus cabellos fueron utilizados para crear la vegetación de la tierra;

los dientes rotos y afilados se convirtieron en acantilados y rocas;

con su cráneo crearon la bóveda celeste. Debajo pusieron a cuatro enanos para sostenerla: Nordi, Sudri, Austri y Vestri (los cuatro puntos cardinales). De los restos de su cerebro surgieron las primeras nubes; 

con sus cejas crearon un muro alrededor del inhabitable exterior.

Solo faltaba la iluminación de ese espacio. Mediante fuego y calor de Muspelheim, los dioses formaron las estrellas, la Luna y el Sol. También crearon dos carros para que ambos recorrieran el firmamento. Para conducirlos, se eligió a una pareja de hermanos, descendientes de los Aesir: Mani (Luna) y Sunna (Sol). En el mundo nórdico, el Sol es femenino, y la Luna, masculina. 

Mani tenía dos ayudantes, Hjuki y Bil, hijos de Vidfin. La Luna los robó de la Tierra. Ellos simbolizan la luna menguante y creciente. 

Por otro lado, el gigante Norvi tuvo una hija, a la que llamó Nott (la noche), muy oscura. Esta se casó en tres ocasiones y tuvo varios hijos. Con Dellinger, el dios de la aurora, pariente de Odín, tuvo al bello Dag (el día).

Odín, Vili y Ve regalaron a Nott y a Dag un caballo para que recorrieran el cielo. El de Nott era Hrimfaxi, de cuyas crines caían las gotas del rocío sobre la tierra. El caballo de Dag era Skinfaxi; su crin dorada era tan brillante que iluminaba la tierra. 

Los responsables de las estaciones eran dos dioses conocidos como Invierno y Verano. El primero era un dios huraño. Por el contrario, Verano era un dios amable. El viento era creado por las alas de un gigante en forma de águila que vivía al norte del mundo; se llamaba Hraesvelg.

El cantar de los nibelungos

El cantar de los nibelungos es un poema épico medieval de autor desconocido, escrito en alemán a mediados del siglo XIII en Austria. Contiene elementos de las mitologías escandinava y germánica, y relata la historia temprana de Burgundia.
El héroe del Cantar de los nibelungos es Sigfrido, un guerrero alemán. Tras matar a dos jefes burgundios de la familia de los nibelungos, éste se apoderó de su espada mágica, un manto que permitía hacerse invisible y sus reservas de oro, maldecidas por los burgundios antes de morir.
Posteriormente en la ciudad de Worms, la capital de Burgundia, Sigfrido conoció a Crimilda, hermana del rey Gunther, con quien decidió casarse. El rey accedió a cambio de su ayuda para derrotar a Brunilda, reina de Islandia, que poseía poderes mágicos y que se casaría con quien lograra vencerla en combate.
Sigfrido y Gunther viajaron a Islandia con el manto que los hacía invisibles. Sigfrido derrotó a Brunilda en una lucha cuerpo a cuerpo. Esta, creyendo que el triunfador había sido Gunther, se casó con él. A su vez, Sigfrido se unió a Crimilda.
Más adelante, Hagen, un astuto y perverso consejero de Gunther, lo convenció de que Sigfrido era considerado por todos superior a él. Su odio aumentó cuando Brunilda se enteró de que su matrimonio era fruto de un engaño. Hagen asesinó a Sigfrido durante una cacería real.
Crimilda juró vengar la muerte de su esposo, pero no tenía ningún poder, porque Hagen se apoderó del tesoro de los nibelungos heredado por ella. Hagen escondió el tesoro en un lugar secreto del río Rhin.
Trece años más tarde, Crimilda se casó con Atila, rey de los hunos. Unos años después consiguió atraer a Hagen, Gunther y sus seguidores hasta la corte, y los mató a todos.
Crimilda fue asesinada por un héroe alemán, Hildebrand, quien habría quedado horrorizado por el asesinato de los burgundios. Se supone que el tesoro de los nibelungos continúa enterrado en el fondo del Rhin.