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Valquiria


 

El paraíso de los dioses

Terminada la labor de creación, los dioses -no está muy claro de dónde provenían-, liderados por Odín, empezaron a construir sus moradas, muy elevadas sobre las alturas del cielo, en las llanuras de Idawold, al otro lado de la gran corriente de Ifing. El lugar fue denominado Asgard.

En su nueva casa, lo primero que hizo Odín fue convocar a todos sus pares. Se acordó que dentro de ese reino de paz jamás se vertería sangre, ya que la armonía debía de ser la única regla, la ley suprema que presidiría para siempre sus relaciones.

El palacio de oro de Odín se llamaba Gladsheim (morada de la alegría). Desde su trono, Odín vigilaba el Universo, a los dioses, los humanos y los elfos. Ahí también se reunían los doce jueces que nombró para que le ayudaran a tomar las decisiones. Vingolf era el palacio de las diosas.

En una hermosa sala del Asgard vivían tres doncellas, las nornas, Urd, Verdandi y Skuld (pasado, presente y futuro), que modelaban el destino de los hombres. Eran seres del bien, hadas encargadas de cuidar y regar al gran árbol de la vida, Yggdrasil. También había nornas de los elfos, de los hombres y de los enanos.

El mundo de los dioses y el de los hombres estaba unido por Bifröst, un arco iris que servía de puente y que estaba hecho de fuego para que los gigantes no pudieran atravesarlo. El encargado de vigilar este paso a Asgard de día y noche era el dios Heimdall. En caso de emergencia, tocaría tres veces su cuerno Gjallarhorn para advertir el peligro a los demás dioses.

El Valhalla y las Valkirias

Odín, dios de la sabiduría y de la victoria, era el protector de los guerreros. Para ellos construyó un palacio conocido como Valhalla, que tenía quinientas cuarenta puertas inmensas (por cada una podía pasar una formación de ochocientos hombres), que daban a una gran sala cubierta de espadas tan brillantes que iluminaban el lugar.
Era el paraíso de los soldados muertos heroicamente, los Einherjer o Einheriar, al que llegaban traídos por las valkirias en sus monturas, tras cruzar el Bifröst o puente del arco iris.
Pero no todos los valerosos guerreros muertos tenían la dicha de llegar al paraíso; solo la mitad de ellos podían ser elegidos por las valkirias, y eso hacía más valiosa la gloria.
En el Valhalla les esperaban Hermod y Bragi, hijos de Odín, para darles la bienvenida y llevarlos ante su padre. Las valkirias, ya despojadas de sus armaduras y vestidas de blanco, les servían fuentes llenas de tajadas de jabalí y jarras de hidromiel, para que renovasen fuerzas. Algún día tendrían que pelear junto a los dioses en una batalla final contra las fuerzas del mal.