Foto

Los dioses y los guerreros del Valhalla, encabezados por Odín, vistensus armas y cabalgan hasta la llanura de Vigrid, donde se producirá el enfrentamiento con las fuerzas del mal.


El renacimiento

Cuando la batalla entre el bien y el mal terminó, solo quedaban cenizas. Sin embargo, volvió a brillar una luz en el cielo: la hija póstuma de la diosa Sol, ahora más tenue y benefactora.

Al calor del sol que amanecía otra vez, y desde la profundidad del bosque, surgió una pareja humana que sobrevivió al fuego, Lifthrasir y Lif. Se habían salvado para que el mundo se pudiera repoblar.

La tierra volvió a surgir de los mares, verde y bella; los campos crecieron sin sembrarlos. Los dioses de la Naturaleza, Vali y Vidar, se asomaron al paisaje que despertaba a la nueva vida y se encontraron con los hermanos Mode y Magne, hijos de Thor y de la giganta Iarnsaxa, que tenían el martillo y las virtudes de su padre.

Después apareció Hoener. Más tarde, desde el infierno vendrían Balder y Hodur, hijos de Odín y Frigga.

Los siete dioses descubrieron felices que en lo alto del cielo, el Gimle -la morada celestial más elevada- se había salvado de la destrucción total. A partir de ese rincón del paraíso original, empezarían su nuevo reinado de amor y cuidados sobre la nueva humanidad y la también renovada Tierra.

La historia de Fenrir y Tyr

El terrible lobo Fenrir, junto a la serpiente Jormungand y a la diosa de la muerte Hel, fue uno de los monstruosos hijos del dios Loki y la gigante Angur. Odín trató de domesticarlo mientras era un cachorro, y se lo llevó a Asgard.
Tyr era el encargado de alimentar a la fiera, ya que era el único que se atrevía a acercársele.
Como la conducta de Fenrir no cambió al crecer, los dioses acordaron sujetarlo con cadenas, pero el lobo las rompía con facilidad.
Entonces los dioses encargaron a los elfos algo indestructible. Mezclando los pasos de un gato, el celo del oso, la voz de los peces, saliva de pájaros, la barba de una mujer y la raíz de una montaña, tejieron una cuerda irrompible, Gleipnir, que se apretaba cada vez que era tirada.
Se fueron todos, dioses y lobos, a la isla de Lyngvi, para proponer a Fenrir que probase su resistencia. Como insistían, aceptó, pero con la condición de que uno de ellos pusiera su brazo dentro de sus fauces, para pagar por si algo salía mal.
Tyr fue de nuevo el elegido. Puso su brazo dentro del hocico de Fenrir mientras se le ataba el Gleipnir al cuello y a las garras. El lobo estiró y estiró la atadura, pero esta solo se apretó cada vez más. Mientras los dioses reían, Tyr perdió la mano derecha.
El lobo aullaba furioso, por lo que los dioses le metieron una espada en la boca, para acallarlo. De la sangre que surgió de su paladar brotó el río Von.
Allí quedó Fenrir, esperando el día final para poder vengarse.