Incas - I

Los incas fueron una de las llamadas "tres altas culturas prehispánicas americanas". La civilización de los incas fue el resultado de un largo proceso evolutivo que se había iniciado hacía al menos veinte mil años en los Andes y que culminó poco antes de la llegada de los españoles en el siglo XVI. El imperio de los incas en su momento de máxima expansión comprendía desde la actual república de Colombia hasta una zona media de Chile, y desde la costa del Pacífico hasta el comienzo del área de bosque tropical amazónico. Los primeros historiadores que se ocuparon de la historia de los incas fueron los propios españoles, al escribir las primeras crónicas sobre el Tawantinsuyu o universo de los incas en el siglo XVI. En los últimos años nuestro conocimiento de los incas se ha ido modificando gracias a nuevos trabajos de investigación que han reparado algunos de los errores que los españoles cometieron al interpretar su historia. Uno de los problemas más evidentes que se produjeron en los años iniciales de la conquista del Perú fue la dificultad de comunicación entre andinos y españoles, pues sus modos de pensar eran totalmente diferentes. Por ello no se debe pensar sólo en un problema de comunicación, sino en algo más profundo: el encuentro de dos maneras completamente opuestas de analizar el mundo.

 
Historia
 Los incas eran originariamente una pequeña y belicosa tribu que habitaba la región al sur de las tierras altas de la Cordillera Central en Perú. En torno a 1100 d.C. comenzaron a desplazarse hacia el valle de Cusco o Cuzco, donde durante casi trescientos años llevaron a cabo incursiones, y allí donde fue posible, impusieron tributos sobre pueblos vecinos. Hasta mediados del siglo XV, no obstante, los incas no llevaron a cabo ninguna gran expansión o consolidación política. Su avance territorial más importante antes de esa fecha consistió en una penetración de 32 km al sur de la capital, Cusco, bajo el reinado del sexto soberano, Inca Roca, que vivió en el siglo XIV.
La expansión territorial se inició realmente con el octavo monarca, Viracocha Inca, que vivió a principios del siglo XV y que, en 1437, amplió el imperio en unos cuarenta kilómetros más allá del territorio de Cusco. Después de esto, durante un periodo de 30 años, dos personajes notables ampliaron y unificaron el territorio. El primero fue el hijo de Viracocha, Pachacutec Inca Yupanqui, considerado por algunos historiadores como uno de los mayores conquistadores y gobernantes del mundo. El segundo fue el igualmente capacitado Túpac Inca Yupanqui, hijo de Pachacutec. El imperio, no obstante, alcanzó su mayor extensión con el reinado (c. 1493-1525) del hijo de Topa, Huayna Cápac. Hacia 1525 el territorio bajo control inca se extendía por la zona más meridional de la actual Colombia, por Ecuador, Perú y Bolivia y por zonas del norte de Argentina y Chile, abarcando un área de más de 3.500 km de norte a sur, y de 805 km de este a oeste. Los investigadores estiman que esta inmensa región estuvo habitada por una población de entre 3,5 y 16 millones de personas de distintas culturas andinas.
La muerte de Huayna Cápac en 1525, antes de que pudiera designar a su sucesor, provocó la división del imperio. Sus dos hijos, los hermanastros Huáscar y Atahualpa, aspiraban al trono. La consiguiente y encarnizada lucha entre ambos, que finalizó en 1532 con la captura de Huáscar, debilitó seriamente al imperio. En este crítico momento el conquistador español Francisco Pizarro desembarcó en la costa con una fuerza de unos 180 hombres dotados de armas de fuego. Pizarro, apoyado por distintos grupos de indígenas descontentos por la dominación inca, logró controlar el imperio, altamente centralizado, haciendo prisionero a su jefe, Atahualpa, en su propio palacio. Temeroso de que Pizarro pudiera ordenar su destitución en favor de Huáscar, Atahualpa dio la orden de ejecutar a su antiguo rival, lo que sería una de las causas de su propia condena en el proceso al que le sometieron los españoles un año después. El 29 de agosto de 1533, cuando todavía se estaba acumulando un enorme depósito de ornamentos de oro procedentes de todos los rincones del imperio, Pizarro ejecutó al garrote vil a Atahualpa.
Ese mismo año los españoles ocuparon Cuzco y permitieron a Manco Cápac II, un hermano de Huáscar, acceder al trono. Algunos años más tarde, Manco dirigió una revuelta contra los españoles. Fue derrotado, obligado a buscar refugio en las montañas y asesinado. En aquella época el imperio se desintegraba muy rápidamente. El último pretendiente al trono inca fue Túpac Amaru I, hijo menor de Manco Cápac II y último descendiente por línea masculina, que fue decapitado en 1572 por orden del virrey Francisco de Toledo.
 
Mitología
El dios creador, con rasgos de héroe cultural, es Viracocha, calificado como "Viejo hombre de los cielos" o "Señor maestro del mundo". Por haber creado la tierra, los animales y los seres humanos, y ser el poseedor de todas las cosas, los incas lo adoraban sin ofrecerle sacrificios ni tributos. Creó, destruyó a los hombres y volvió a crearlos a partir de la piedra. Después los dispersó en cuatro direcciones. Como héroe cultural, enseñó a los seres humanos varias técnicas y oficios. Emprendió muchos viajes hasta que llegó a Manta (Ecuador), desde donde surcó el océano Pacífico: según algunos, en una embarcación hecha con su capa; según otros, caminando sobre el agua. Inti, el dios Sol, era la divinidad protectora de la casa real. Su calor beneficiaba a la tierra andina y hacía madurar las plantas. Se representaba con un rostro humano sobre un disco radiante. Cada soberano inca veía en Inti a su divino antepasado. La Gran Fiesta del Sol, el Inti Raymi, se celebraba en el solsticio de invierno. Para dar la bienvenida al sol, le ofrecían una hoguera, en la que quemaban a la víctima del sacrificio, coca y maíz. Culminada la celebración, exclamaban: "¡Oh, Creador, Sol y Trueno, sed jóvenes siempre! ¡Multiplicad los pueblos! ¡Dejad que vivan en paz!". La mujer de Inti se llamaba Mama-Kilya, la Madre Luna, y era la encargada de regular los ciclos menstruales de la mujer. El dios dador de lluvia, Apu Illapu, era una divinidad agrícola. En época de sequía se hacían peregrinaciones a los templos consagrados a Illapu, construidos en zonas altas. Si la sequía era muy persistente, llegaban a ofrecerle sacrificios humanos. Los incas creían que la sombra de Illapu se encontraba en la Vía Láctea, desde donde arrojaba el agua que caería en la tierra en forma de lluvia. Otros dioses importantes son Pachamama, la madre Tierra, el mundo de las cosas visibles, señora de las montañas, las rocas y las llanuras, y Pachacamac, el espíritu que alienta el crecimiento de todas las cosas, espíritu padre de los cereales, animales, pájaros y seres humanos.
Según el testimonio del cronista peruano Felipe Huamán Poma de Ayala en Nueva crónica y buen gobierno (1612), entre los incas existía la creencia en la sucesión de cinco edades.
La primera, llamada Huari Viracocha Runa (o Pakarimok Runa, los habitantes de la aurora de la humanidad), duró ochocientos años. Por ser la primera generación, los pobladores no morían ni se mataban entre sí. Parían de dos en dos, hombre y mujer. Eran nómadas, vivían en cuevas y se cubrían con hojas de árboles y esteras de paja. Al llegar, destruyeron a los animales (jaguares y osos) y a los monstruos que habitaban la tierra. Adoraban como Dios a Runa Camac Viracocha. Llamaban al diluvio Uno Yaco Pachacuti.
La segunda edad, llamada Huari Runa (gente autóctona), duró mil trescientos años. Se caracteriza porque en ella se inició el trabajo de la tierra y de los cultivos agrícolas, además del aprovechamiento del agua de ríos, lagunas y pozos. Vivían en casas semejantes a hornos, llamadas pukullos, y se cubrían con pieles de animales. Adoraban a un solo dios en tres personas, soberanos del cielo y de la tierra, llamadas Yayan Illapa (Rayo Padre), Chaupichurin Illapa (Rayo Hijo Intermedio) y Sullca Churin Illapa (Rayo Hijo Menor).
La tercera edad, Purun Runa, duró mil ciento treinta y dos años y sus contemporáneos "se multiplicaron como la arena del mar, tanto que ya no cabían en la tierra". Construyeron casas de piedra con tejados de paja y formaron poblaciones. Mejoraron las técnicas de aprovechamiento del suelo y los sistemas de riego. Criaron llamas y alpacas y desarrollaron los procedimientos de teñido y tejeduría. Organizados bajo el mando de reyes, señores y capitanes, su elevado número y sus posesiones despertaron la codicia y las guerras. Adoraban al señor del cielo, Pachacamac. Dicen que la tercera edad acabó con una epidemia que no dejó a nadie con vida y que eran tantos "que en seis meses los buitres y cóndores no pudieron terminar con los cadáveres".
Los indios de la cuarta edad, Auka Runa, vivieron y se multiplicaron durante dos mil cien años. Hubo tres periodos, que se caracterizaron por las luchas de expansión y conquista: el primero, de guerras para aumentar o consolidar el dominio territorial; en el segundo, la nación Chincha sometió a las demás y las confederó, asegurando su paz y su prosperidad; en el tercero, los incas dominaron la confederación y extendieron el cultivo de distintas variedades de maíz y de patata.
La expansión del imperio inca, Tawantisuyo, define y da nombre a la quinta edad, que incluye además el periodo de la conquista española.
 
Cultos y Fetiches
Muchos lugares naturales como cursos de agua, montes, cuevas, precipicios, se consideraban asiento de los antepasados. De carácter sagrado, los incas creían que allí se encontraban los encargados de transmitir los oráculos a la tribu. Los llamaban pacariscas. Las piedras, concebidas como los huesos de la tierra, también merecían veneración. Se les atribuía en algunos casos el carácter de testimonios de su historia mítica: en la Roca de Titicaca se habría ocultado el Sol después del gran diluvio; otras rocas eran representaciones antropomorfas de los gigantes que, como castigo a su desobediencia, fueron convertidos en piedras.
También se daba el caso inverso, el de piedras que se habían convertido en hombres, surgidos para prestar ayuda al Inca Pachacutic. Entre los objetos de culto estaban las huacas, que adoptaban el valor de fetiches destinados a proteger a los propios individuos, las cosechas y a los propios muertos en forma de muñecas, fenómeno que recuerda una costumbre similar entre los egipcios (véase Mitología egipcia). Las mamas (madres) eran espíritus destinados a alentar el crecimiento de las plantas: saramama (maíz madre), cocamama (madre de la planta de coca), y también encargados de regir a fuerzas naturales como el mar (mamacocha), temido por los pueblos del interior y considerado benévolo por los habitantes de la costa, pues los alimentaba con sus frutos.
Como en otras culturas mal llamadas "primitivas", los ritos de la fertilidad están asociados a la vez al erotismo y a la muerte, porque se cree que de ella surge la vida. El carácter agrario de esta civilización justifica en gran medida la creencia. Una buena parte de la alfarería de los antiguos peruanos representa variadas formas de unión sexual que poseía originalmente, en todos los casos, una significación sagrada. Personajes esculpidos con falos enormes nos permiten establecer las coincidencias con los cultos priápicos y la función de Dioniso en la mitología griega: la orgía sexual, por otra parte, se relaciona con la posibilidad de que crezcan las plantas que asegurarán la supervivencia. Entre los indios kogi, por ejemplo, existe una cópula ceremonial sobre la tumba de un ser querido que acaba de fallecer. Este rito permite que el espíritu logre alcanzar el otro mundo. Sólo de esa manera se le abrirán las puertas del cielo.