EL SIMBOLISMO CELTA DEL HUEVO DE LA SERPIENTE
Por Jean Markale
La mitología céltica se enlaza con la antigua y misteriosa sabiduría de los druidas, los sacerdotes del pueblo celta. Las fuentes sobre estos hombres de lo sagrado que se negaron a la transmisión escrita de su saber, proceden del mundo clásico latino. Plinio el Viejo, el naturalista que murió al intentar acercarse al Vesubio durante su famosa erupción a fin de estudiarlo científicamente, es una de esas fuentes. Aquí, Jean Markale, destacado estudioso de la sabiduría céltica, recupera lo dicho por Plinio respecto a un huevo de serpiente. Lo hace en un ensayo filosófico sobre el saber celta, que recomendamos con entusiasmo: Las tres espirales, publicado en lengua española por José de Olañeta. En la interpretación de Markale, el huevo de la serpiente se convertirá en un símbolo que revela la apertura hacia el Otro Mundo y el conocimiento de lo invisible.
Plinio relata, (Historia
natural, XXlX, 52) una curiosa historia a la que
apenas atribuye fe rebajándola a mera sesión de magia. Señala "una especie de
huevo del que los griegos no hablan, pero que es muy conocido en las Galias.
Durante el verano, innumerables serpientes que están enrolladas juntas, se unen
en un abrazo armonioso gracias a la baba de sus gaznates y a las secreciones de
sus cuerpos. Es lo que se conoce como el huevo de serpiente. Los
druidas dicen que este huevo se lanza con silbidos y que hay que recogerlo con
un manto antes de que toque el suelo. En este momento, el raptor debe huir muy
deprisa a caballo, puesto que le persiguen las serpienres, las cuales sólo se
detendrán ante el obstáculo de un río. Se reconoce este huevo debido a que flota
contra la corriente, incluso si está enganchado a algo de oro. La extraordinaria
habilidad de los magos (druidas) para esconder sus fraudes es tal, que sostienen
que hay que apoderarse de este huevo sólo en una determinada fase de la luna,
como si fuese posible hacer coincidir dicha operación con la voluntad humana.
Ciertamente, he visto este huevo, del tamaño de una manzana redonda de talla
mediana, con una corteza gelatinosa como los numerosos brazos del pulpo". Todo
esto, si se toma a pies juntillas, es absolutamente inverosímil. Y sin
embargo...
...Es evidente que el huevo de Plinio que "flota a contra corriente", incluso si está "enganchado a algo de oro", no puede ser un objeto real: es un objeto maravilloso, por no decir mágico, y en cualquier caso simbólico. Entonces, es imposible no reconocer ahí el equivalente del huevo cósmico de la tradición india, envoltura del Embrión de oro, germen principal de la luz universal, que se encuentra en las Aguas primordiales y que es incubado por el Pájaro único, es decir, el fabuloso cisne Hansa, el cual reaparece a continuación en la leyenda de Lohengrin, hijo de Parsifal, rey del Grial.
...El texto de
Plinio seguramente no es la descripción de un ritual, juzgado incluso aberrante
o cuanto menos sospechoso. Es Plinio quien lo toma como tal. Debieron contarle
un relato mitológico del que no comprendió nada, pero no obstante conservó los
elementos esenciales: el arrollamiento de las serpientes, es decir, el nudo de
víboras, el huevo secretado por las serpientes y que evidentemente no es un
huevo, el rapto del huevo por un caballero audaz y veloz. La persecución que
emprenden las serpientes para recuperar el huevo y la imposibilidad que tienen
de cruzar el río. Este último punto es, por otra parte, paradójico, puesto que
las serpientes nadan muy bien, pero sin duda hay que ver otra cosa más que una
banal lucha entre el hombre y la serpiente entendida al pie de la letra.
Estos elementos son en efecto característicos de una verdadera epopeya
iniciática: un caballero, o sea un héroe civilizador, un buscador de infinito,
podríamos decir, penetra en los ámbitos prohibidos al común de los mortales,
este Otro Mundo con el que los celtas sueñan sin cesar y que es un mundo
concomitante al nuestro, un mundo en el que es fácil extraviarse sin siquiera
saberlo, porque está junto a nosotros y las puertas de acceso son numerosas a
poco que se tenga el famoso don de la doble visión. Allí, el caballero descubre
maravillas, lo que a partir del siglo Xll se simbolizará con el famoso Grial, y,
deslumbrado, se apodera del mismo para llevarlo al país de los vivos, a fin de
que puedan beneficiarse todos los miembros de la comunidad. Responde al tipo de
héroe civilizador, del héroe de luz, de origen prometeico, pero es
también el misionero que viene a
despertar a quienes se dormían en la sombra, faltos de esta luz divina
indispensable para la vida. Esto constituye un crimen para los del otro Mundo,
los cuales quieren reservarse esa luz para sí mismos. Así pues, persiguen al
caballero, pero no pueden cruzar determinados límites: cada uno en su casa, y
tanto peor para quienes hayan perdido la carrera, es decir, la prueba de
inteligencia y perspicacia. (*)
(*) Fuente, Jean Markale, Las tres espirales, Meditación sobre la espiritualidad cética, José de Olañeta Editor.
Ilustraciones (de arriba hacia abajo): 1: Imagen de un sabio druida; 2: Una espiral, uno de los símbolos más antiguos y de mayor significación en la mitología céltica.