EL MITO DE ISIS Y OSIRIS
Espejo del Antiguo Egipto, actualmente en el Museo Egipcio de Barcelona, donde se distinguen, de izquierda a derecha, a Neftis, Osiris e Isis.
He aquí uno de los más célebres mitos de la historia de las culturas. Osiris muere y luego renace a través de la mediación de su esposa y hermana Isis. El dios egipcio es despedazado por su maléfico hermano Set. Pero después renace y se convierte en dios de los muertos. Detrás de su renacimiento late la arcaica creencia en la resurección inevitable de la vida inspirada en el ciclo vegetal, en el renacer de los frutos tras la temporaria muerte invernal.
Nut, diosa del cielo, era la mujer de
Ra. Sin embargo, era amada por Geb a cuyo amor correspondía. Cuando Ra descubrió
la infidelidad de su esposa, se puso iracundo y la maldijo, diciendo que su hijo
no nacería en ningún mes ni en ningún año. La maldición del poderoso Ra no podía
ser ignorada, debido a que Ra era el jefe de todos los dioses. Angustiada, Nut
apeló al dios Thoth (el Hennes griego), quien también la amaba. Thoth sabía que
la maldición de Ra debía cumplirse, pero encontró una vía de salida al problema
mediante una estratagema muy hábil. Acudió a Silene, la diosa de la Luna, cuya
luz rivalizaba con la del Sol mismo, y le retó a un juego de mesa. Las apuestas
por ambos lados eran altas, pero Suene apostó un poco de su luz, la decimo
séptima parte de cada una de sus iluminaciones, y perdió. De aquí procede que su
luz mengua y disminuye en ciertos períodos, de tal forma que ya no es rival del
Sol. De la luz que le había arrebatado a la diosa de la Luna, Toth creó cinco
días que añadió al año (que en esos tiempos constaba de trescientos sesenta
días), de tal manera que no pertenecían ni al año anterior, ni al año siguiente,
ni a ningún mes. Nut tuvo a sus cinco hijos durante esos días. Osiris nació el
primer día, Horus el segundo día, Set el tercer día, Isis el cuarto y Neftis el
quinto. En el momento del nacimiento de Osiris, se oyó en todo el mundo una voz
alta que decía: «Ha nacido el señor de toda la Tierra!» Una tradición un tanto
diferente relata que cierto hombre llamado Pamiles, que llevaba agua del templo
de Ra en Tebas, oyó una voz que le ordenaba proclamar el nacimiento del «buen y
gran rey Osiris», lo cual hizo en seguida.
Con el transcurso del tiempo se
cumplieron las profecías respecto a Osiris, y se convirtió en un rey grande y
sabio. La tierra de Egipto floreció bajo su dominio como jamás lo había hecho
antes. Como muchos otros «dioses-héroes». se propuso la tarea de civilizar a su
gente, quienes a su llegada se cncontraban en un estado muy bárbaro, practicando
el canibalismo y otras costumbres salvajes. Les impuso unos códigos, les enseñó
las artes de la labranza y les enseñó los ritos correctos para venerar a los
dioses. Y cuando logró establecer la ley y el orden en Egipto se marchó a
tierras lejanas para continuar con su obra civilizadora. Era tan gentil y bueno,
y tan agradables eran sus métodos de inculcar el conocimiento en las mentes de
los bárbaros, que éstos veneraban la mismísima tierra que pisaba.
Cuando el banquete hubo terminado,
Set hizo traer el precioso cofre al salón y dijo, fingiendo bromear, que debería
pertenecerle a quien cupiera en él. Uno tras otro los huéspedes se tumbaron en
el cofre, pero ninguno cupo; hasta que le llegó el turno a Osiris. Inconsciente
de la traición, el rey se tumbó en el gran cofre. En cuestión de segundos los
conspiradores habían claveteado la tapa derramando plomo candente sobre ella
para cerrar cualquier apertura. Luego abandonaron el cofre a su suerte en el
Nilo, en la desembocadura del Tanaitic. Algunos dicen que estos acontecimientos
tuvieron lugar en el vigésimo octavo año de su vida; otros dicen que fue en el
vigésimo octavo de su reinado.
Cuando Isis recibió las noticias se
afligió y se cortó una mecha de pelo y se vistió de luto. Consciente de que los
muertos no pueden reposar hasta que sus cuerpos no hayan sido enterrados con los
ritos funerarios, emprendió la búsqueda del cuerpo de su marido. Durante largo
tiempo su búsqueda fue inútil, a pesar dc que le preguntara a todo hombre y
mujer si habían visto el cofre ricamente adornado. Con el tiempo, se le ocurrió
preguntar a unos niños que jugaban en las orillas del Nilo, y éstos pudieron
decirle que Set y sus cómplices habían traído el cofre hasta la desembocadura
del Nilo. A partir de ese momento, los egipcios consideraron que los niños eran
poseedores de alguna facultad especial de adivinación.
Isis aumentó al niño dándole su dedo
para chupar. Todas las noches, cuando todo el mundo se había acostado, ponía
grandes troncos en el fuego y echaba al niño entre ellos, y luego, convñtiéndose
en una golondrina, emitía unos tristes lamentos por su marido muerto. Las
doncellas de la reina informaron a su señora de los rumores de estas extrañas
prácticas, y ésta se propuso descubrir si había alguna verdad en ellos. Entonces
se escondió en la gran sala, y cuando llegó la noche, efectivamente, Isis cerró
las puertas y amontonó troncos en el fuego, echando al niño entre la madera
ardiente. La reina se avalanzó con un grito y rescató al niño de las llamas. La
diosa la reprobó, declarando que mediante su acción había privado al niño de la
inmortalidad. Luego Isis reveló su identidad a la horrorizada Athenais y le
contó su historia, pidiéndole que le diera el pilar que sujetaba el techo.
Cuando le fue otorgada su petición, abrió el árbol, sacó el cofre que contenía
el cuerpo de Osiris y se lamentó con tanta fuerza que uno de los jóvenes
príncipes murió de terror. Luego se llevó el cofre a Egipto por mar. Durante
mucho tiempo, el árbol que contenía el cuerpo del dios se preservó y veneró en
Byblos.
Cuando llegó a Egipto, Isis abrió el
cofre y lloró triste y amargamente sobre los restos de su esposo real. Pero
ahora se acordó de su hijo, Horus el Niño, a quien había dejado en Buto, y,
ocultando el cofre en un lugar secreto, emprendió la búsqueda de su hijo.
Mientras tanto, Set, que cazaba a la luz de la Luna, descubrió el cofre
ricamente adornado y en su ira desgarró el cádaver en catorce trozos, que
esparció por todo el país.
Cuando descubrió este último ultraje
sobre el cuerpo del dios, Isis tomó un barco hecho con juncos de papiro y
emprendió nuevamente la búsqueda de los restos de su esposo. Después de esto,
los cocodrilos no quisieron acercarse a un barco de papiro, probablemente porque
pensaban que llevaba a bordo a la diosa, que no había abandonado su búsqueda.
Cuando Isis encontraba una parte del cádaver, ésta la enterraba y construía un
sepulcro para demarcar su posición. Ésta es la razón de que haya tantas tumbas
de Osiris en Egipto
Para esta época, Horus ya era un adulto y Osiris, regresando de Duat (el más allá), donde gobernaba como rey de los muertos, le animó a vengar las injusticias impuestas a sus padres. Inmediatamente después, Horus luchó con Set, intercambiándose victorias entre uno y otro. En una ocasión, Set cayó cautivo de su enemigo y quedó bajo la custodia de Isis, pero, para gran sorpresa e indignación de su hijo, ésta le dejó libre. Horus estaba tan iracundo que arrancó la corona de la cabeza de su madre. Sin embargo, Thoth le dio un casco con forma de cabeza de vaca. Otra versión relata que Horus decapitó a su madre y que Thoth, hacedor de magias, volvió a pegarle la cabeza en forma de la de una vaca. Se dice que Horus y Set siguen luchando, aunque ninguno de los dos consigue salir victorioso. Cuando Horus venza a su enemigo, Osiris regresará a la tierra y volverá a gobernar Egipto. (*)
(*) Fuente: Egipto, de Lewis Spence, Colección Mitos y Leyendas, Studio editions.