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UN MITO ESQUIMAL: SEDNA, LA HIJA DEL MAR
Imagen de Sedna surgida de un artista contemporáneo: Drayton Hawthorne, quien recrea mediante su arte figuras y personajes míticos ancestrales.
Los esquimales, los inuit, como se llaman a sí mismos, desde lejanos tiempos, convivieron con la nieve, el oso, las focas, las aguas frías. Sila, divinidad invisible, era una de sus principales divinidades. Y Sedna, la Reina de las Focas, la hija del mar...
Cuenta
la leyenda que alguna vez existió una muchacha muy joven y hermosa llamada
Sedna.
Nadie buscaba casarse con ella cuando tuvo la edad para hacerlo. Pero
un día, vio desde su cabaña, un magnífico barco que era capitaneado por un
apuesto y rico cazador extranjero, el cual se enamoró inmediatamente de la
doncella y ella, después de haber sido seducida con palabras llenas de
promesas y tesoros, se marchó con el desconocido.
La muchacha cayó en una terrible desesperación al conocer la
verdadera identidad del cazador, que no era más que un pájaro mágico que
tenía la facultad de cambiar de forma y fue así como la sedujo.
Mientras tanto su padre, al saber de la repentina desaparición de su
hija, se aventuró a través del océano hasta que dió con ella.
Cuando la encontró, Sedna estaba sola y aprovecharon para huir de ahí.
Pero cuando el eminente pájaro regresó y se percató de la partida de su
amada, enfurecido, partió tras ella.
El pájaro, con sus poderes mágicos, desencadenó una rabiosa tempestad
al ver que el padre se negaba a regresarle a Sedna. Así, el anciano,
comprendió de qué se trataba todo aquello.
Había sido la voluntad sobrenatural del mar, la que reclamaba a su
hija y aterrorizado hizo lo que debía hacer.
Así, lanzó a Sedna fuera del barco, para consumar el sacrificio. Ella,
en medio de aquella desesperación, salió a la superficie y trató de
aferrarse a las orillas del barco, pero el padre le cortó los dedos con un
hacha.
Sedna hizo otro intento para salvarse, pero su padre siguió cortándole
los dedos, uno por uno.
Los primeros se transformaron en focas; los segundos en “okuj” o focas
de las profundidades; los terceros en morsas y el resto en ballenas.
Así, el océano calmó la furiosa tormenta después del sacrificio y
todo quedó en gran tranquilidad.
Desde entonces, Sedna, La Reina de las
Focas, vivió en el fondo del océano “en una región llamada Adliden donde
afluyen las almas de los muertos para someterse al juicio y a la sentencia
que a todos nos espera en ultratumba”. (*) (*) Fuente: Contell Gascó, Emilio. Mitología Universal. M. Vazquez, Editor. p.p. 24-26.
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