MUJERES GUERRERAS EN JAPON
AMATERASU:
En los tiempos míticos, la primera mujer en coger las armas es, nada menos
que Amaterasu, la diosa del sol. Una de las versiones de las "Crónicas del
Japón" (Nihongi) la describe portando un arco y tres espadas. para defenderse
contra la venida al cielo de su hermano Susanoo.
HIMIKO:
Es la primera dirigente conocida de
Japón. Dirigió el país entre el 197 y el 247 de nuestra Era. Condujo a su
ejército y participó en batallas tanto en tierra como navales.
JINGU KOGO:
Según se relata en las mencionadas Crónicas (Nihongi), un diá un Dios habló
por boca de un oráculo e indicó al emperador la existencia al Oeste de un país
de una gran riqueza, y cuya conquista estaba asegurada. El emperador no quiso
creer al oráculo, y el Dios, en cólera hizo que en unos instantes muriese el
emperador.
La emperatriz, de nombre Jingû Kogô, decidió entonces ir ella misma a
conquistar ese país, que resultaría ser Silla, uno de los antiguos reinados de
Corea. De camino, acabó con un personaje fabuloso, provisto de alas, un bandido
que asolaba la región, de nombre Kamawashi y luchó también contra una mujer
rebelde, Taburatsu Hime, a la que igualmente derrotó.
Después, bajo un signo de los dioses, Jingû Kogô se peinó a la forma
masculina y , blandiendo un hacha en la mano, lideró a su ejército hasta
conquistar el reino de Silla, cuyo rey se rindió sin resistencia, convierténdose
así, en el año 200, en la dueña de Corea.
El nombre de esta emperatriz, que gobernó durante 70 años, es hoy día
célebre en Japón, debido a sus conquistas. Se la considera la introductora en
Japón del primer lenguaje escrito.
TOMOE GOZEN:
En la Historia de Japón también existen relatos de mujeres samurai. La más
famosa de ellas fué Tomoe Gozen, esposa del samurai Minamoto Yoshinaka,
mencionada en la obra Heike Monogatari, la cual luchó junto a su esposo,
Minamoto Yoshinaka, señor de Kiso, en la batalla del Río Uji, ocurrida en 1184.
Una desesperada batalla contra fuerzas enemigas muy superiores, y en la que
Minamoto Yoshinaka resultó muerto, no sin antes, cuando casi todo su ejército
había sido aniquilado, ordenar a Tomoe que huyera, pues Minamoto consideraba un
deshonor que después de muerto fuera recordado por haber arrastrado con él a una
mujer en su úlltimo combate.
La historia de Tomoe es muy popular en Japón, y ha inspirado la imaginación
de numerosos artistas. Incluso existe una obra de teatro tardicional japonés
(Teatro Nô) inspirada en ella.
MUJERES DE LA CASTA SAMURAI:
Las mujeres de la casta samurai debían
proteger sus familias, tierras y castillos durante la ausencia de sus maridos.
Para ello recibían entrenamiento en el uso de armas, especialmente la espada y
aprendían a montar a caballo.
Durante el período Kamakura (1192 - 1333) estaban tan extendidas las
guerras que las mujeres participaban con frecuencia en las batallas.
En 1199, Itagaki condujo la carga de 3.000 guerreros del clan Taira
contra 10.000 soldados de Heike.
En el siglo XII, Fujinoye, esposa de Kajiwara Genda Kagesuya,
defendió el Castillo de Takadachi, matando al menos a dos de los atacantes en el
combate cuerpo a cuerpo.
NAKANO TAKEKO:
En 1868, durante la guerra mantenida entre los seguidores del shogunato y los
partidarios de la restauración imperial, 3.000 samurais del clan Aizu,
partidarios del shogunato, defendían la fortaleza de Wakamatsu contra un
ejército de 20.000 hombres. Sin esperanza de recibir ayuda, movilizaron a todo
aquél que pudiera utilizar un arma. Un grupo de 20 mujeres formó una unidad que
luchó en primera línea. A una de estas mujeres, Nakano Takeko, que, después de
luchar bravamente, murió de un disparo en el pecho durante la batalla, se le
levantó un monumento en el templo Hokai, en Aizu Bangemachi, provincia de
Fukishima.
MUJERES DE KAGOSHIMA:
Durante la Rebelión Satsuma, en 1877, las mujeres de Kagoshima lucharon
contra la armada imperial.
LAS KUNOICHI:
Estas mujeres eran las equivalentes a los hombres llamados Ninjas. Eran un
mezcla de guerreras y espías, y además de a luchar y a utilizar toda clase de
armas y venenos, en las escuelas donde recibían entrenamiento, les enseñaban
también a utilizar el engaño y a sacar partido de sus encantos de mujer en
contra del enemigo.
Se las utilizaba a menudo para infiltrarse en terreno enemigo y llegar hasta
alguno de sus jefes, a fin de eliminarlo o de obtener información. También para
eliminar a un centinela, acercándose a él como una inofensiva campesina y
seduciéndolo. Eran de una gran eficacia ya que, además de ser letales,
aprovechaban el hecho de poder acercarse a los soldados enemigos sin que éstos
sospecharan el peligro, al tratarse "tan sólo" de una mujer.
USODAGAWA:
En el folflore japonés se relata como la
madre del luchador Usodagawa recibe en su casa a un luchador rival de su hijo.
Para impresionarle, ella alza con una mano un enorme caldero y después lo deja
en el suelo. El hombre intenta en vano levantarlo a su vez, pero no logra
siquiera moverlo. Desalentado y abatido, el luchador renuncia a luchar con el
hijo de una mujer como ella.