CAPOEIRA BRASILERA: EL ETERNO JUEGO DE LA LIBERACIÓN.
Por Diego Oscar Ramos
PRESENTACIÓN
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A continuación un artículo escrito especialmente por Diego Oscar Ramos para compartir con nosotros a través de este número dos de Revista Kenos. Ramos nos guiará, con agudeza y sensibilidad, a través de esta danza afrobrasilera que es otro de los ejemplos de la fecunda diversidad de las culturas. Manifestación estética, deportiva y ritual, la capoeira nace en el siglo XV en la matriz cultural afrobrasilera para expandirse por el mundo en el siglo pasado, traspasando todo tipo de fronteras raciales y culturales. Sólo asistiendo y mejor participando de una roda de capoeira se puede percibir la permanencia de esta disciplina que facilitó la lucha contra la esclavitud de los negros y cuya práctica provoca un estado vital psicocorporal de atención constante. Polisémica por naturaleza, la capoeira es una metáfora en acción de cómo actuar en la vida, con flexibilidad y picardía, con respeto y sabiduría, para conocerse en profundidad y saber que somos libres en sintonía con los movimientos de quienes giran junto a nosotros, buscando libertad, en la rueda musical del mundo. |
CAPOEIRA BRASILERA: EL ETERNO JUEGO DE LA LIBERACIÓN
Por Diego Oscar Ramos
El primer hombre se persigna, el segundo toca el suelo y besa pronto su mano. Ambos ingresan bendecidos al espacio sagrado del círculo. Sus cuerpos danzan en sucesión armónica de movimientos sagaces que respetan por instinto y tradición el mandato del ritmo. Los pandeiros, tambores y cencerros acompañan calmos a los berimbaus, que dirigen la danza con su vibración metálica e hipnótica.
El primer hombre da un giro hacia atrás en el aire y cae con gracia, para asestar un nuevo golpe que apenas quiere rozar la carne del segundo. Todos los cuerpos presentes festejan la habilidad del que logró volar y siguen tocando y cantando las canciones que evocan y consolidan la historia primigenia. Finaliza el combate y los que han danzado pasan a ser parte de ese círculo mayor donde aplausos, cánticos y música envuelven el centro del ritual festivo y liberan del tiempo a los capoeristas.
La definición
La capoeira es un proceso coreográfico de movimientos rituales que siguen el patrón rítmico ijexá, proveniente de Africa, para exhibir habilidad, fuerza y confianza en la simulación de intenciones de atacar, defender y esquivar los golpes del otro. Ambos tratan de mostrar superioridad sobre el otro y montan todos sus movimientos a partir de un patrón básico denominado ginga del cual surgirá una improvisación de rutinas que respetará la voluntad de libertad en una obediencia absoluta de rituales, un cuidado de las tradiciones y culto a los ancestros, un respeto a los viejos por la sabiduría que traen a la comunidad. El combate plástico combina movimientos de esquiva, circulares y descendientes, un constante disimulo de la verdadera intención antes de largar los golpes y un estado de conciencia alterado de los contrincantes, el transe capoeirano, que cuando se alcanza induce a un estado profundo de alerta, calma, relajamiento y auto confianza, que se buscarán de aplicar no sólo en la roda sino en la apreciación de la vida cotidiana.
La raza
Si la capoeira salió con tanto ímpetu de su matriz cultural original, se practica en todos los continentes, es porque contagia arquetipos culturales universales. En su constitución conviven fuerzas bien diferentes: de Africa provienen el instrumento fundamental, el berimbau, legado por los bantos, mientras que los iorubás trajeron los movimientos esenciales compartidos con el candomblé y el ritmo ijexá. Los portugueses indujeron la costumbre cultural de la improvisación en la danza popular de la chula, de donde se extraen el pandero y en algunos casos la viola. De la cultura brasilera viene el trasfondo filosófico cultural literario que se incluye en los cánticos, el ritual, la enseñanza y algunas modificaciones fonéticas de los cánticos.
La palabra capoeira, en su definición más usual, no ve su origen en algo afro sino en un componente indígena de la etnia tupí guaraní, que traería el sentido de denominar al pasto bajo cortado a ras del piso en forma de círculo, en referencia a las técnicas de ocultamiento en la mata tupida que los indios regalaron a los negros fugitivos. dentro de las selvas tupidas. Pero existe una versión que asegura que con ese nombre también se denomina a una "pequeña perdiz macho cuya característica es ser muy celoso y dedicarse a mantener encarnizadas peleas con sus rivales".
La música
Los toques
ejecutados por la orquesta de berimbaus y pandeiros son los
que dirigen el tempo de la danza combate, convirtiéndose en
los directores
del ritual, lo mismo que acontece con el candomblé,
manifestación religiosa que trabaja con el transe posesivo de
entidades llamadas orixás. Hay dos familias de toques
vinculados a las dos formas de jugar la capoeira, lo toques
más lentos son los propios de la de Angola, más africanista y
lúdica, ocupada más en aspectos coreográficos, en la
exhibición de destreza técnica. La capoeira regional se danza
con toques rápidos que acompañan la lucha más fuerte, objetivo
preciso de esta manera más combativa de practicarla. Los
instrumentos de percusión también usados junto al pandeiro,
reco-reco, o xequeré y el agogô son
compartidos con el candomblé.
A diferencia de la mayoría de las artes marciales orientales, que parecen necesitar del silencio para alcanzar la concentración, el ser brasilero necesita del ruido para concentrarse o liberarse de un problema, necesita siempre de los poderes de la música.
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El movimiento
Hay en la
capoeira una clara observación y festejo de las fuerzas
animales en el hombre. Del mono toma la picardía, del zorro la
astucia, de la araña la forma de atraer hacái sí sus rivales y
del leopardo su velocidad. Estas destrezas propias de la
naturaleza se evocan en el hombre que mediante la capoeira
refuerza su vida instintiva que lo convierte en un ser
sensible a las formas y necesidades de su biología. Para este
moverse con astucia la postura central es la ginga, en el
movimiento ritmado de todo el cuerpo acompañando el toque del
berimbau, con el fin de mantener el cuerpo relajado y el
centro de gravedad en permanente dislocamiento,
listo para la esquiva, ataque, contraataque o fuga. Es lo que
le da la apariencia de danza, que se refuerza al tratarse de
una lucha por aproximación, en la que los adversarios entran
en contacto sólo en el momento exacto del ataque y la defensa.
Las canciones
Las canciones son una de las formas de respeto y veneración, además de mantener la relación entre jóvenes y los que generaron momentos de solidez en la tradición, puntos de consolidación del alma de la capoeira, que son vivenciados como actuales en el instante del rito, la canción actualiza el momento venerado, momento de suspensión del tiempo profano que acontece en todo rito religioso y que en el mundo de lo afrobrasileño aparece fuerte en todas las tradiciones religiosas, que construyen un cuerpo bien presente, como legado razonable de toda cultura de raíces orales.
La marca esencial de las canciones está en la apelación a lo libertario y a la lucha contra toda esclavitud y miseria, del pasado o del presente. Otras son autorreferencias a la capoeira, sus ritos y tradiciones, hablan de la negritud como factor de identidad que no debe ser olvidado. Pero un aspecto básico es el de las enseñanzas de vida a través de historias que rescatan valores como la humildad, la responsabilidad, la lucha, la firmeza y el desprecio por cualquier prejuicio. Algunas mantienen aún su característica primigenia de ser formas de aviso ante un peligro, código que también se servía de ciertos toques del berimbau para avisar de la llegada del peligro para el esclavo que combatía por su vida libre, códigos sonoros que desde el inicio hizo del capoerista un hombre constantemente atento a las señales de la vida.
La mente
Los cánticos, aplausos, el timbre de los berimbaus tocando el ritmo hipnótico ijexá crean un campo energético que conforma una ritualidad de la capoeira propia de las antiguas prácticas órficas con su musicalidad extasiante. El estado de conciencia alcanzado por el jogador lo lleva a comportarse en una unidad donde su ser es en relación a la comunidad practicante del rito total. Cada capoerista no se siente un yo aislado que debe pensar los movimientos que realiza sino que cada manifestación de su ser danzante surge en armonía fusionante con el ambiente total de la roda. Cuanta mayor sea esta relación de armonía más belleza e integración tendrán los movimientos y la música. Por medio del transe capoeirano el estado emocional va sufriendo modificaciones y también se transforma la forma de encarar las situaciones de peligro del combate y de la vida misma, ya que el estímulo más efectivo para incorporar el estado de atención profunda no ligada a la racionalidad activa produce sensaciones ligadas a lo placentero. Sin ser similar, el transe de los orixás en el candomblé tiene una diferencia fuerte en el grado bien mayor de intensidad de los estados de inconsciencia, mientras que el transe capoeirano se mantiene un estado de alerta al potencial peligro tendiente a encender los sentidos de autopreservación y contrataque. Una clave para entender este proceso mental es que en los capoeristas concentrados los movimientos de esquiva o ataque no surgen del control voluntario de la conciencia, llegándose a dar también toda una forma corporal de incitar al error al otro, de influirlo mentalmente, para lo que es muy importante el contacto visual de los danzantes
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El cuerpo El estudio de las señales neurovegetativas, cardiovasculares, glandulares de la práctica de la capoeira sirve de parámetro para entender la importancia del ambiente en el que habita la corporalidad humana. El reflejo del entorno traza su imagen en la morfología de ese cuerpo, en la actividad física, el comportamiento, la afectividad, las mutabilidades en la personalidad y en el esencialísimo funcionamiento de los sistemas nervioso y endocrino del cuerpo. En la capoeira se han encontrado mecanismos que podríamos llamar terapéuticos ligados a una pedagogía maternal que ve en la estimulación de la afectividad la única capaz de desarrollar en el encéfalo los circuitos fundamentales de dominio de las reacciones emocionales por la cognición. Las impresiones captadas por el complejo sensitivo motor del hipocampo generan impulsos que activan el cortex cerebral estimulando el desenvolvimiento natural de las neuronas. Descansa el hemisferio lógico en la práctica profunda de la capoeira en esa atención creativa y sensorial ante el peligro y todo el cuerpo agradece el masajeo de los instintos sueltos.
A la
derecha, en
imagen para ampliar, un momento de la danza del capoeira.
La palabra Como parte activa del trabajo de entrenamiento de un grupo de capoeira no sólo está el desarrollo corporal para adquirir virtudes como la flexibilidad y la fuerza sino el relato de historias de la tradición para reforzar valores como la humildad y el coraje. Lo temas claramente recurrentes tienen que ver con la valorización de la práctica de un arte que nació de la necesidad de ser libre, que sirvió para lograr la libertad concreta de toda una raza y que aún por fuera de las problemáticas raciales mantiene un fondo vital de libertad, no sólo ya por la historia de las grandes batallas y héroes negros como Zumbí, sino que su misma constitución polisémica y abierta a la improvisación dentro de reglas que hagan que cada capoerista no deje de estar siempre moviéndose en armonía con su comunidad, implica una apreciación importante de las necesidades de libertad que todo hombre tiene, bien más allá de que su pie no esté físicamente engrillado. Esta tradición oral puede complementar con historias las canciones de figuras fundantes como mestre Joao Grande, mestre Pastinha o mestre Bimba, grandes maestros que han recibido estas canciones que pudieron después regalar a la historia de la capoeira, para transmitir una filosofía pragmática surgida de la necesidad de sobrevivir, por lo que surge incluso el ocultamiento de las intenciones y la picardía como estrategias a saber usar y reconocer en el ambiente que habitamos, sea la roda o la vida, que en un punto convergen con una alegría que el capoeirista necesita como valor fundamental, como celebración de estar aún vivo.
El berimbau
De origen africano, el instrumento está hecho de con una vara de madera berimba (dura pero a la vez flexible) cruzada por un alambre. En la base una calabaza funciona como caja de resonancia y permite al músico - según la aleje o apoye en su vientre - modular las notas. Usado tanto en Africa como en Oriente, la versión más usual en estas músicas antiguas era un berimbau donde la boca funcionaba como caja de resonancia. El instrumento adoptado por los brasileros y propio de la capoeira es el berimbau de barriga, aunque no hay certezas de que este modelo no provenga también de Africa. Además de lo musical, tuvo un papel importante en las luchas, se dice que no sólo avisaba con sus toques de la llegada del enemigo sino que hasta era usado en algunos casos como lanza de combate.
La roda La rueda es el círculo, símbolo saturado de sentido que zigzaguea con astucia entre culturas y tiempos diversos: figura platónica de la perfección por carecer de principio, fin ni dirección, zona sagrada y refugio contra malos espíritus para las tradiciones mágicas arcaicas y metáfora vibrante de la misma vida para la capoeira: lo que sucede en la roda sirve para aprender a conocerse y acceder a saberes que estuvieron desde el origen y que estarán mientras haya hombres que vivan en un mundo como este, por respeto a eso y no sólo por comodidad es que se ingresa descalzo a su morada. También son circulares los movimientos de los capoerista, sus dislocamientos giran sobre el centro de gravedad de su adversario, en busca de escapar del ataque o en la procura de use punto débil donde el cuerpo del otro muestra su grieta en la solidez de su guardia y nos enseña qué hacer para estar más atentos.
La vida El berimbau toca una música que al espíritu le gusta, resuena con él, lo despierta y mantiene alerta. Quien haya oído alguna vez su sonido debe reconocer que sus vibraciones contienen un poder hipnótico misterioso que atrapa a quien lo escucha. Dicen que aquel que por primera vez siente su canto y percibe algo raro, una vibración interna, un temblor de todo el cuerpo, es que se está despertando su capoerista dormido, ese que tiene una profunda necesidad de ser libre. Si escucha el llamado y llega a una roda, comenzará a saber de las sensaciones de libertad de aquellos que se llaman capoeristas, sea cuales sean su origen, su color, sus ideas, la estructura de su cuerpo y la antigüedad de su alma. Si sigue adelante sabrá que el entrenamiento potente le servirá para gozar con más armonía y fuerza de la roda, que su cuerpo se sentirá vibrar en una misma música circular con el hombre que danza el combate junto a él y con todos los cuerpos que se han encontrado para ser libres. Será todos sus animales en la roda, le dará ímpetu a las canciones de los ancestros y a las voces del berimbau, sintiendo una naturaleza bien mayor de la que hasta entonces creía ser dueño. Sabrá de astucias y picardías, de expansiones del cuerpo y de respiraciones del alma, girará en el aire y compartirá su tiempo con el de dioses que no le pedirán más fidelidad que a su propia identidad eterna. Ese día que gire con belleza siendo él mismo junto con otro que se ha encontrado en el combate, sabrá que la libertad estaba desde el principio, cuando el sonido hipnótico despertó a ese capoerista que ahora camina sin dudar por la vida con esa astucia y armonía que sonrieron al oír la caricia del berimbau, llamándolo a vivir con potencia y alegría, de una buena vez. (*)
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(*) Fuente: Artículo escrito especialmente por Diego Oscar Ramos para ser editado originalmente aquí.
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